CRITICA «CIRCULOS DE MATERÍA Y TEMPORALIDAD
Jordi Plana. Círculos de materia y temporalidad
La práctica artística de Jordi Plana comprende un abanico de disciplinas y técnicas muy diversas. Sin embargo, todas ellas comparten cierto aire de familia que despliega la misma investigación: la de la experiencia estética que sitúa la materia y la temporalidad en el centro de su discurso.
Así, si bien en una primera lectura aparecen referencias en el mar, en la memoria, en el recuerdo o en la materia natural, que actúan como puertas de entrada al universo del artista—, en una segunda lectura interpretativa, llevar una joya o recorrer el espacio expositivo activa una relación diferente con la obra.
Elementos como el ánfora o el mar funcionan tanto como metáforas como formas de experiencia. Cada objeto asume la figura del círculo de una manera particular, ya sea en el neumático, en la boca del ánfora, en la alegría y también, de forma figurada, en el movimiento cíclico del mar o en el recorrido dentro del espacio expositivo.
Estos círculos, que atraviesan toda la obra, activan una temporalidad que gira, devuelve y se transforma. Así, mientras que los elementos naturales como el caucho, el bronce o el cobre construyen una amalgama percepciones materiales, el ánfora establece, por su parte, una relación singular con el tiempo.
De esta forma, un objeto histórico, destinado a contener y transportar el vino, es desplazado de su función original. Lejos de ser evocado como un resto arqueológico, el ánfora se presenta como un objeto plenamente actual. La joyería intensifica esta experiencia: las piezas son portables, lo que implica una relación física ya la vez temporal con la obra, que acompaña al presente del gesto cotidiano.
El espacio expositivo, por su parte, forma parte consustancial de la obra que se presenta. Como señaló el filósofo francés Maurice Merleau-Ponty en Phénoménologie de la percepción , «le corps no está dando el espace comme une chose, il habite el espace, il le structure». Nuestro cuerpo, por tanto, es fundamental a la hora de situarnos en el mundo y, por tanto, también en un espacio expositivo, ya que además de ocupar ese espacio, lo habitamos. La exposición establece, en este sentido, un diálogo inseparable para completar la experiencia estética que propone el artista con su obra.
Al inicio del recorrido, un ancla, situada frente al cristal de la galería que da a la calle, introduce una primera experiencia de arraigo. La iluminación que sugiere el fondo marino genera una atmósfera que invita a una lenta y atenta percepción: la obra actúa como punto de partida del viaje.
En medio de la sala, La Medusa ocupa una posición central. Su presencia establece una relación directa con el observador y genera una sensación de intercambio. La obra parece observar a la vez que es observada.
Al final del recorrido, un vídeo proyectado sobre una tela translúcida permite vislumbrar la pared de piedra medieval del espacio. Esta superposición, de imagen en movimiento y de arquitectura histórica, construye una percepción estratificada en la que el presente de la proyección convive con la materialidad del pasado.
En medio, en el suelo de la sala, encontramos las ánforas creadas por Sandra Ovejas , que iluminadas con una luz amarilla tenue, introducen una temporalidad singular. El ánfora, objeto vinculado al mario a la circulación, se nos presenta aquí como un cuerpo material que acumula tiempo y uso.
Este recorrido se ve atravesado por un conjunto de ocho vitrinas de vidrio, que presentan maquetas y otros materiales correspondientes a esculturas ya realizadas anteriormente. Estas piezas permiten visualizar el proceso de creación y búsqueda del artista en pequeño formato. Las maquetas son concebidas como obras en sí mismas, por lo que el artista las llama «joyas escultóricas», estableciendo una relación directa entre el gesto escultórico y la joyería.
El conjunto incluye joyas relacionadas con el mar (piezas de anillos y ánforas de cobre realizadas con la técnica del electroforming , así como piezas de microfusión en bronce). En las creaciones más recientes, se establece un diálogo entre las ánforas y las rejas que las contornean, reforzando la materialidad de la propuesta.
En definitiva, la obra de Jordi Plana nos propone, además de una lectura inmediata, una situación perceptiva singular que emerge en la relación con las formas, los materiales, el espacio y el tiempo.
Felip Vidal , febrero de 2026





